Esta especie endémica de los páramos boyacenses crece con una lentitud admirable, llegando a vivir más de un siglo.
Sus hojas pueden retener hasta veinte veces su peso en agua, actuando como una esponja natural.
Es considerado un “guardián del agua”, y su silueta forma parte de la identidad visual de Boyacá.
Los pueblos muiscas asociaban las montañas y los frailejones con los espíritus protectores de las fuentes sagradas.
En el juego, el frailejón representa la memoria y la resiliencia del páramo, símbolo de la vida que brota incluso en condiciones extremas.